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Guerra industrial del régimen chino: luchar sin combatir

Por: Amar Manzoor

La Gran Época, EE.UU.

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Trabajadores se formaron para entonar canciones comunistas “rojas” frente a una fábrica de fideos instantánea cerca de Nanjie, provincia de Henan, el 29 de septiembre de 2017. (Greg Baker / AFP / Getty Images)

Cuando un país decide participar en una guerra industrial, lo hace en dos etapas. Primero, debe desarrollar sus defensas militares y económicas, para poder defender sus intereses. Segundo, puede comenzar a atacar en un nivel estrictamente industrial.

La principal arma para el ataque industrial es el sector manufacturero, con el que invade otros territorios reemplazando los productos locales por los propios. El objetivo del invasor es enriquecerse, tomar posesión de los sectores productivos del adversario, para controlarlo y obligarlo a acatar sus condiciones.

Para que esta táctica sea efectiva, una nación debe vigilar, contrarrestar a sus competidores y enfrentar tiempos difíciles, recesión o depresión económica. Además, para desplazar su producción y conquistar mercados, primero debe mantener precios bajos, salvaguardando la eficiencia de sus transacciones. Quien tenga éxito en esta operación, puede desafiar a la competencia, deshacerse de sus adversarios y, después de obtener el control del mercado, dominar.

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El sistema 7 Tao que explica los detalles de una guerra industrial. (Imagen de Amar Manzoor)

El régimen chino ha estado librando este tipo de guerra económica durante al menos las dos últimas décadas. Después de estudiar el modelo comercial estadounidense, creó las condiciones para inducir a las empresas de Estados Unidos y de otros países industrializados a subcontratar su producción a China, comenzando con la fabricación de pequeños artículos como tuercas, pernos, juguetes y zapatos. Los bajos costos de producción atrajeron la atención de estas empresas, interesadas en mayores ganancias y beneficios para sus accionistas.

Las industrias estadounidenses y europeas rápidamente comenzaron a confiar cada vez más la fabricación de sus productos a China. Hasta llegar a la subcontratación total. Al mismo tiempo, además de contribuir al aumento de ganancias de los accionistas, redujo los costos y el uso de recursos humanos locales.

En esta situación, los mercados de estos países se han visto cada vez más sujetos a las malas condiciones económicas impuestas por China, y para ser competitivos en precios, tuvieron que recurrir a las fábricas chinas más baratas, de acuerdo con su modelo más ‘ventajoso’.

En los EE.UU., la totalidad de los sectores económicos, una vez orgullo americano después de la Segunda Guerra Mundial, han desaparecido: sus puestos de trabajo vendidos para satisfacer las demandas de los accionistas, y por lo tanto la fuerza de trabajo ha sido objeto de despidos y liquidaciones.

Una vez que entendió el modelo de guerra industrial, Pekín lo desarrolló y difundió. Siguiendo el ejemplo estatal de robo de tecnología, las empresas chinas comenzaron a copiar más agresivamente los productos, innovaciones, estructuras de gestión, sistemas de capacitación, etc., de las empresas estadounidenses, con el fin de reproducir el modelo que  las había ayudado a conseguir el éxito.

Obviamente, el régimen chino ha aplicado el programa de robo, imitación y ataque industrial en todos los países del planeta, lo que garantizó la creación de un poder económico que funciona de acuerdo con sus propias reglas, fue capaz de obligar a sus competidores a seguir sus reglas.

En la búsqueda continua de ganancias, China también intenta introducir sus productos en los mercados extranjeros. Y así, mientras Occidente ha contribuido activamente a la producción de diversos artículos en China, ésta busca acceder a los consumidores occidentales, colocando sus productos en las principales tiendas de los diferentes países.

Por ejemplo, utilizar los grandes almacenes estadounidenses Wal-Mart para adquirir, verificar y comprar sus artículos a precios bajos, lo que obliga a la competencia a recurrir al mercado chino para ser competitiva. Por lo tanto, ha provocado una afluencia de minoristas estadounidenses a China en la búsqueda constante de menores y menores costos, para asegurar su rentabilidad y satisfacer los intereses de sus accionistas.

Es claro que el régimen chino utiliza, junto con los minoristas, la misma estrategia para comerciantes y empresarios.

Pero el concepto, ya arraigado en la mentalidad de vender más barato para obtener más ganancias, ha terminado por eliminar la mano de obra estadounidense. El régimen chino ha librado su guerra no sólo en ese país, sino también en India, Japón, Corea del Sur, Europa y otras regiones y países en los que aspira a establecer su dominio económico.

Las empresas y minoristas, además, aceptaron fácil y rápidamente el suministro de productos chinos baratos, hasta el punto de que la invasión de la industria china resultó ser devastadora para los productos locales por una simple razón: la competencia insostenible.

Por cada minorista que dijo “compre artículos locales, venda artículos locales”, hubo muchos otros que dijeron: “compre artículos chinos, venda artículos locales”. En tal situación de guerra industrial, es muy difícil ganar todas las batallas porque ya llegó a su propio territorio. En esta etapa, las compañías estadounidenses, europeas o de cualquier otro lugar, deben enfrentar no sólo a China, sino también al sistema que el gigante asiático ha introducido en Occidente a través de su propia estructura de oferta/demanda de bienes.

La batalla industrial llegó así al corazón del mundo occidental, que la aceptó, a menudo alentando, completando y financiando el desarrollo económico de China.

Lamentablemente, no se trata simplemente de fomentar el desarrollo económico. La economía alimenta al ejército, especialmente en el caso de la dictadura comunista china, que deja un espacio mínimo entre los sectores público y privado, y obliga a sus empresas a servir sólo a los intereses del régimen.

Cuanto más gana el Partido Comunista Chino en la guerra industrial, más aumenta su poder militar, fortalecido por tecnologías y materias primas adquiridas a través de sus tácticas de invasión económica. Estos recursos se obtienen de hecho con el robo sistemático y conocido de propiedad intelectual y tecnología occidentales. Una situación que solo aumenta el peligro de una guerra real.

Joshua Philipp colaboró en la elaboración de este artículo.

Amar Manzoor es el autor del libro The Art of Industrial Warfare y fundador del sistema 7Tao sobre la guerra industrial.

Artículo en inglés: The Chinese Regime Is Using Industrial Warfare to Fight Without Fighting

Traducido por: Lucía Aragón

China pide prestado en dólares

Anunció estarse preparando para recaudar 2 mil millones de dólares en el mercado de bonos, su primera emisión de deuda denominada en la divisa estadounidense desde 2004

Por RB y AFP

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China pide prestado en dólares por primera vez en 13 años. (Foto: Justin Sullivan/ Getty Images)

China anunció que se preparaba para recaudar 2000 millones de dólares en el mercado de bonos, su primera emisión de deuda denominada en la divisa estadounidense desde 2004, poco después de que dos agencias de calificación bajarán su calificación soberana.

El gigante asiático tomará prestado en Hong Kong “pronto” 2000 mil millones de dólares, a través de bonos con vencimiento de cinco y diez años, dijo el Ministerio de Hacienda de China.

Es la primera vez desde octubre de 2004 que China pide préstamos en dólares, dijeron varios medios financieros chinos.

La operación parece ser esencialmente simbólica, ya que el régimen tiene en gran medida la capacidad de recaudar fondos en yuanes en su territorio, sin mencionar las enormes reservas de divisas, que superan los 3 billones de dólares y cuyo valor volvió a aumentar en septiembre por octavo mes consecutivo.

Por otra parte, esta emisión pondrá a prueba el ánimo de los inversores y, sobre todo, proporcionará un tipo de bonos de referencia que las empresas chinas pueden utilizar para recaudar sus propios fondos…en particular los grupos gubernamentales en dificultades que necesitan financiamiento.

El breve comunicado del ministerio no da detalles sobre el tipo de interés esperado, pero una tasa baja, como resultado de la fuerte demanda de los inversionistas, demostraría su confianza en la solidez del sistema financiero chino.

Es cierto que la agencia de calificación financiera Moody’s decidió en mayo reducir la calificación de la deuda soberana de China por primera vez en casi tres décadas, señalando los riesgos asociados con la explosión del crédito en la segunda economía mundial.

Su rival Standard & Poor’s siguió su ejemplo en septiembre por las mismas razones.

Dichos recortes suelen dar lugar a tipos de interés más altos en emisiones de bonos, ya que los inversores exigen rendimientos más elevados a cambio de mayores riesgos.

Sin embargo, los expertos entrevistados por la agencia Bloomberg cuentan con un fuerte apetito de mercados. CreditSights dijo el mes pasado que la baja calificación de S&P tendría “muy poco impacto”.

Además, la cantidad prestada (2 mil millones de dólares) parece modesta: China ya emitió al menos 2.4 billones de yuanes (365 mil millones de dólares) de deuda durante los primeros nueve meses del año, según datos recopilados por Bloomberg.

Pero una emisión de bonos soberanos de Hong Kong ayudaría a los grupos estatales chinos a financiarse en dólares a un costo más bajo al establecer una “tasa de referencia”, dice Anthony Leung, investigador del Wells Fargo Bank citado por Bloomberg.

Esto les ayudará a financiar sus doloras reorganizaciones o proyectos masivos de infraestructura, especialmente en el extranjero como parte de las “Nuevas Rutas de la Seda” iniciadas por Pekín.

Traducido del francés al español por: Lucía Aragón

Versión en francés: http://www.epochtimes.fr/la-chine-emprunte-en-dollars-86165.html