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Comida chatarra causa obesidad, no la falta de ejercicio

Por: Martha Rosenberg

La Gran Época, Estados Unidos

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Una hamburguesa Big Mac con papas fritas fotografiadas en un McDonald’s en el centro de Londres. (Foto: Ben Stansall/AFP/Getty Images)

Actualmente hay más de 700 millones de personas obesas en el mundo, de las cuales 109 millones son niños, según el New York Times en 2017. En Brasil, el gigante de la alimentación Nestlé utiliza vendedores de puerta en puerta para distribuir su comida chatarra de alto contenido calórico y ofrece a los clientes la oportunidad de pagar un mes después de la compra. Nestlé define a los vendedores ambulantes de comida chatarra, que a menudo son obesos, como “microempresarios”.

Las multinacionales de la alimentación recurren cada vez más a los “mercados emergentes” de los países más pobres para satisfacer las expectativas de Wall Street y de los accionistas, probablemente porque el mercado de la comida chatarra en los países más desarrollados está ahora saturado.

Sustituir las dietas indígenas de los habitantes de los países pobres por alimentos precocinados o envasados y bebidas azucaradas es inmoral por muchas razones. Además de causar obesidad, diabetes, problemas cardíacos, enfermedades crónicas y dañar los dientes, la comida basura está reemplazando los cultivos tradicionales por los de cereales y soya transgénica. Incluso organizaciones humanitarias como la Fundación Bill y Melinda Gates han creído en la historia difundida por las multinacionales de la alimentación de que los OGM (organismo genéticamente modificado) alimentarán al mundo. En realidad, los OGM llenan el suelo con pesticidas tóxicos y contaminan el agua.

Nestlé manipuló a los más pobres hace más de 40 años, cuando consiguió convencer a las madres de escasos recursos, de no amamantar a sus hijos con su propia leche (lo único que una madre puede ofrecerles), sino con formula láctea de esta marca. Varios grupos activistas afirman que muchos niños mueren en las zonas más pobres de Asia, África y América Latina porque sus madres los alimentan con leche de fórmula.

Según las investigaciones del Times sobre la influencia de las multinacionales de la alimentación en Brasil, “el mayor donante para las elecciones parlamentarias fue el gigante de la alimentación JBS S.A., que donó 112 millones de dólares a los candidatos en 2014” (Jbs adquirió Swift & Company, la tercera empresa procesadora de carne de vaca y cerdo más grande de los Estados Unidos, que en 2007 sacrificó la increíble cantidad de 51 mil 400 animales por día). En 2014, Coca Cola donó 6,5 millones de dólares a la campaña electoral brasileña, mientras que McDonald’s donó 561 mil dólares.

Hace unos años, Reuters informó que la Organización Panamericana de la Salud había recibido cientos de miles de dólares, además de algunos “consejos” sobre el tema de la obesidad, de las multinacionales de comida chatarra y bebidas azucaradas. No es de extrañar que recomendaran hacer hincapié en la importancia del ejercicio físico y pedir la liberalización de campañas de marketing agresivas dirigidas a los niños. ¿Alguien se sorprendió de que Coca Cola se convirtiera en la bebida azucarada más vendida en México cuando la compañía fue dirigida por Vicente Fox, quien más tarde fue incluso elegido presidente de México?

Con el tiempo, Coca Cola ha adquirido una enorme influencia económica: financia la American Heart Association, la American Lung Association, la American University of Cardiology, la American University of Paediatrics y el Departamento de Medicina de Harvard. Proporciona fondos a las principales universidades, grupos deportivos y de ejercicio, y organizaciones que ayudan a las minorías étnicas, cuyos miembros se ven particularmente afectados por la obesidad.

Coca Cola también financia los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades en los Estados Unidos a través de la asociación sin fines de lucro Cdc Foundation, creada por el Congreso en 1992 para fomentar las “relaciones” entre la industria y el gobierno.

Y la prensa tampoco ha sido inmune. El año pasado, el British Medical Journal escribió que Coca Cola está expandiendo su influencia oculta en el periodismo médico y científico a través de la subvención de conferencias de periodistas, incluyendo las celebradas en la prestigiosa National Press Foundation en Washington, D.C.

Por eso, declaraciones irresponsables como “la causa de la obesidad es la falta de ejercicio” y no la comida basura como la Coca Cola, han sido hechas no sólo por gobiernos y profesionales médicos, sino también por periodistas.

En 2014, el documental de Katie Couric, ‘Fed Up’, mostró cómo el gobierno de los EE.UU. insta a la gente a comer bien, mientras que al mismo tiempo promueve los alimentos que engordan, y cómo los comedores escolares compran la comida a las multinacionales de la alimentación. El documental revela cómo las transnacionales del huevo, el azúcar y otras empresas han cambiado las directrices desarrolladas por el Informe McGovern de 1977, que recomendaba que la gente comiera menos alimentos grasos y azucarados, con el fin de promover su negocio.

En 2006 se produjo otro “triunfo” de las multinacionales de la alimentación. Ante las directrices de la Organización Mundial de la Salud, similares a las del Informe McGovern, el entonces Secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, Tommy G. Thompson, viajó a Ginebra para amenazar a la Organización Mundial de la Salud de que si no se modificaban las directrices, los Estados Unidos dejarían de apoyar económicamente a la Organización. Sí, para el Gobierno de los Estados Unidos, apoyar la agricultura es más importante que la salud de las personas.

El verano pasado, el New York Times documentó los efectos devastadores de la comida chatarra, las personas más pobres de la región de los Apalaches tienen obesidad y diabetes, la mayoría de las cuales tienen poco acceso a los servicios de salud. Joseph Smiddy, médico voluntario de Virginia, dijo que la población de la región de los Apalaches está más enferma que la de América Central: “En América Central comen frijoles y arroz y caminan mucho. No beben Mountain Dew [una bebida carbonatada de PepsiCo, ndt] y no comen dulces. No están plagados de epidemias de obesidad y diabetes”. Por supuesto que Smiddy se refería a zonas que aún no han sido invadidas por Nestlé, Coca Cola y McDonald’s.

El año pasado, en Chicago, surgió una amarga disputa por un impuesto a las bebidas endulzadas. La industria de las bebidas gastó más de 1,4 millones de dólares en publicidad para tratar de convencer al público de que el impuesto se debía abolir. La industria ha hecho todo lo posible para transmitir el mensaje de que el deseo de beber bebidas altas en calorías que causan obesidad, diabetes y afecciones dentales es una “elección del consumidor”. Irónicamente, los principales partidarios de la revocación del impuesto fueron las comunidades pobres de Chicago, que también son las más afectadas por las bebidas azucaradas y la comida chatarra.

Un individuo que consume 2 mil calorías al día debe consumir un máximo de 200 de azúcar, el equivalente a un poco más de una lata de una bebida carbonatada. Sin embargo, la mayoría de los estadounidenses consumen al menos el doble de la cantidad recomendada, algunos beben aún más y otros admiten ser dependientes de ella.

Alguna vez, “azúcar” significaba azúcar obtenido de la caña de azúcar o de la remolacha. Pero desde 1980, los fabricantes de bebidas endulzadas han estado favoreciendo el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa (Hfcs) y desde entonces han sido imitados por los principales productores y procesadores de alimentos. Las restricciones comerciales en otros países para proteger la producción local de azúcar han encarecido el azúcar, sobre todo porque los agricultores estadounidenses cultivaban enormes cantidades de maíz debido a los subsidios gubernamentales y a las semillas transgénicas. El jarabe de maíz de alta fructosa también es más barato de producir, almacenar y transportar.

Este edulcorante está directamente relacionado con la obesidad, la diabetes, las enfermedades hepáticas y los problemas de memoria, pero esto no significa que los edulcorantes artificiales sean mejores. El aumento en el uso del aspartamo, que se encuentra en la Coca Cola light, y la sucralosa, que se encuentra en Pepsi One, parece ser una de las causas del aumento de personas obesas, según el Yale Journal of Biology and Medicine.

En conclusión, los gigantes de la comida gastan millones de dólares en comida chatarra y millones de dólares en decirle a la gente que no es esta comida la que los hace engordar. Pero, ¿alguien sigue creyendo eso?

Martha Rosenberg es la autora de la premiada encuesta sobre alimentos “Born With a Junk Food Deficiency”, publicada por Random House. Ha dado conferencias en universidades y escuelas de medicina y ha sido una invitada frecuente en programas de radio y televisión.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente las de La Gran Época.

Artículo en inglés: Big Food Wants You To Believe Obesity is Caused by Lack of Exercise not Junk Food and the Spin Is Working

Traducción de Lucía Aragón

Obesidad y comida

Por: Massimiliano Russano

La Gran Época, Italia

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(Foto: Dominio público)

La obesidad es una epidemia silenciosa y generalizada que ahora también afecta a países en desarrollo. Además, según muchos expertos, no se debe simplemente a la ingesta excesiva de alimentos y, por lo tanto, el cuadro se complica.

Para proporcionar una visión general de las causas y la terapia adecuada, La Gran Época entrevistó al Dr. Ezio Di Flaviano, especialista en Ciencias de la Alimentación y Psicoterapia, así como Rehabilitación Nutricional en el Policlínico Abano Terme y la casa de Cura Villa Serena de Jesi.

¿Cuáles son los criterios que definen la obesidad?

La medicina se refiere al índice de masa corporal, es decir, la relación entre el peso expresado en kilos de una persona y su altura al cuadrado expresada en metros. Si esta relación es superior a 30, se llama obesidad, si es mayor de 40 es una cuestión de obesidad severa.

¿Por qué se considera una enfermedad?

Debido a que reduce la esperanza de vida, causa complicaciones graves y deriva en el 8 por ciento de los costos de atención médica.

¿Hay diferentes tipos?

Sí, dos tipos, de acuerdo con la distribución de grasa en el cuerpo. Obesidad con distribución prevalente a nivel del tronco (forma manzana) y la que tiene distribución prevalente a nivel periférico (forma pera). El primero es el más peligroso porque conduce a un aumento de riesgo cardiovascular.

¿Cuáles son las causas?

La obesidad está determinada por factores ambientales, genético-constitucionales, endocrino-metabólicos, psicológicos y también por desequilibrio en el estilo de vida.

¿Está aumentando?

En el mundo, sí, como en Italia hasta el siglo pasado; ahora la situación en nuestro país es estable.

¿Por qué este aumento?

Debido al deterioro del estilo de vida y los cambios ambientales.

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El Dr. Ezio Di Flaviano, especialista en Ciencias de la Nutrición y Rehabilitación Nutricional, durante una aparición televisiva (Foto: Por concesión).

¿Cómo curar la obesidad?

Con intervención multidisciplinaria y teniendo la capacidad para cambiar hábitos, terapia nutricional para fortalecer la dieta, tratamiento farmacológico (donde hay noticias interesantes), rehabilitación intensiva en los casos en que se ha fallado muchas veces y en casos extremos cirugía.

¿Cómo se puede prevenir?

A través de la educación a un estilo de vida más saludable en los niños.

¿Por qué las dietas fracasan a largo plazo y por qué el riesgo de recuperar peso?

Porque el cuerpo humano cuenta con genes protectores que se oponen a la pérdida de peso y facilitan su recuperación.

¿Y si una persona quiere perder peso?

Debe pensar que es posible, mantenerse alejado de extrañas propuestas milagrosas y contar con expertos en centros acreditados. Es importante trabajar duro para cambiar lo que es posible, aceptar lo que no se puede cambiar y tener la inteligencia para comprender esta diferencia.

Versión original en italiano: http://epochtimes.it/news/obesita-e-cibo/

Traducido por: Lucía Aragón

Beneficios del limón: ¡Aumenta la energía, lucha contra la obesidad y mucho más!

Por NTD Televisión

¿Tiene un resfriado? ¿Necesita energía? ¿Quiere bajar de peso? ¡Pruebe este alimento sano y disfrute de sus beneficios!

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Foto: Pixabay | Riedelmeier

El limón es muy benéfico para la salud, estimula el cuerpo con vitamina C, ayuda a la digestión y la desintoxicación.

El jugo de limón ayuda a aliviar el malestar estomacal. El consumo de jugo de limón con regularidad le puede ayudar a perder peso debido a la pectina. La pectina es una fibra que se encuentra a menudo en la fruta. Le hace sentir satisfecho, así come menos durante el día.

El limón también ayuda a rejuvenecer la piel, mantener el cutis fresco. Según un estudio reciente, al tener más vitamina C, se reducen las arrugas…y la lista de ventajas es larga.

En esta larga lista de beneficios, la más notable es que consumir alimentos saludables como los limones puede ayudar a reducir los riesgos de cáncer.

Entonces, ¿cómo consumirlo? A menudo lo sirven con agua en los restaurantes. Aparte de beberlo, comer la cáscara es también nutritivo, de hecho, ¡es mejor! Por supuesto, el limón orgánico es la mejor opción para comer las cáscaras.

Hay diferentes maneras de comer la cáscara de limón. Una manera consiste en lavar primero todos los limones orgánicos para deshacerse de residuos en la superficie, y congelarlos. Luego, los puede rallar y espolvorear un poco de cáscara de limón en las comidas o bebidas. Esto le permite obtener beneficios para la salud sin comprometer el sabor. Congelar los limones los mantendrá por más tiempo.

Con tantos beneficios para la salud, ¿qué espera? ¡Vamos, pruebe y disfrute hoy un limón!

Una de cada diez personas en el planeta es obesa

Desde 1980, la proporción de la población obesa ha ido en aumento en todo el mundo, se ha duplicado en 73 países, según un importante estudio que indica que esta crisis de salud pública se agrava, ahora una de cada diez personas es obesa en el planeta.

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Obesidad en adultos en el continente americano (Foto: OPS)

El exceso de peso es responsable de un aumento de enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer que son el origen del aumento de la mortalidad.

Los autores trabajaron en 195 países y territorios, sus resultados aparecen en la revista médica estadounidense New England Journal of Medicine.

El informe se presentó en el Foro anual EAT de la alimentación humana en Estocolmo, su objetivo es crear un sistema de producción alimentaria más sana y sostenible.

Los investigadores determinaron que en 2015, 107,700 millones de niños y 603,700 millones de adultos eran obesos en el mundo.

El índice de masa corporal (el peso dividido entre la altura al cuadrado) superior a 24.5 indica sobrepeso. Una persona se considera obesa con un IMC de 30.

En 2015, el sobrepeso y la obesidad afectaban a un total de 2,200 millones de personas, o el 30% de la población mundial.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba esa cifra en más de 1,900 millones en 2014, más de 600 millones de obesos.

La frecuencia de la obesidad pediátrica fue menos que en los adultos, pero su crecimiento fue más rápido en estos 35 años.

El estudio muestra también que un mayor IMC se relaciona con cuatro millones de muertos en el mundo en 2015, el 40% de las personas que solo tienen sobrepeso.

Más de dos tercios de las muertes se debieron a enfermedades cardiovasculares, un aumento muy claro desde 1990 relacionado con el exceso de IMC.

Entre los veinte países más poblados, los Estados Unidos, cuentan con la tasa de obesidad más alta para niños y jóvenes adultos, con casi el 13%, mientras Egipto va a la cabeza con adultos obesos, con aproximadamente el 35% de esta población.

Las incidencias más bajas de obesidad en adultos, se observaron en Bangladesh y Vietnam con solo el 1%.

China e India tienen la mayor cantidad de niños obesos con 15,300 millones y 1,400 millones respectivamente.

En 2015, Estados Unidos (79,400 millones) y China (57,300 millones) tuvieron la mayor cantidad de adultos obesos.

Según los investigadores, el objetivo del estudio es comprender, a nivel mundial, los factores responsables de “la actual epidemia de enfermedades” relacionados con el sobrepeso y la obesidad.

En un editorial que acompaña el estudio, los Dr. Edward Gregg y Jonathan Shaw, epidemiólogos de Estados Unidos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), estiman que “la cifra más preocupante es la triplicación de la obesidad en niños y adultos jóvenes en países en desarrollo y países de ingresos medios como China, Brasil e Indonesia.”

“La obesidad en los jóvenes es probable que conduzca a un aumento significativo en la diabetes de adulto (tipo 2), hipertensión y enfermedades renales crónicas”, predicen.

El informe se basa en datos del más reciente estudio del Global Burden of Disease (GBD), que cuantifica el impacto en la salud de más de 300 enfermedades y tipos de lesiones en 133 países.

China: los jóvenes atraídos por la comida chatarra, aumenta la obesidad

Marginal hace 30 años, la obesidad se ha disparado en los niños y adolescentes de provincias rurales chinas que tienen más apetito por la “junk food” (comida basura) occidental, en detrimento de su dieta tradicional, según un estudio publicado el miércoles.

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McDonalds en Pekín. (Foto: meetlo.com)

En 1985, menos del 1% de niños y adolescentes chinos eran obesos (0.03% hombres, 0.12% mujeres) contra cerca del 17% de los varones y 9% de las mujeres en 2014, de acuerdo con un trabajo realizado en 27,840 jóvenes de la provincia de Shandong entre 1985 y 2014.

“China está pagando el precio de la adopción de un estilo de vida occidental”, dijo el Journal Europeo de Cardiología Preventiva, que publicó el estudio.

Poblada por casi 96 millones de habitantes, la provincia de Shandong se encuentra entre Pekín y Shanghái.

En 10 años, de 2002 a 2012, la cantidad de niños chinos obesos de 6 a 17 años se ha triplicado, ya lo había revelado un estudio realizado por la Comisión Nacional de Salud y Planificación Familiar (equivalente a un Ministerio) publicado en julio de 2015.

El país ha experimentado cambios socioeconómicos, de estilo de vida y dieta en los últimos 30 años.

La dieta china tradicional es rica en vegetales y productos básicos, la han dejado por platos llenos de carne, grasas, azúcar y pobres en fibra, relacionados con el bienestar, el progreso social y económico.

La occidentalización de las medidas de higiene y dietéticas es la única explicación para el aumento significativo de la obesidad en los jóvenes chinos y asiáticos en general.

China es un país en el que las áreas agrícolas son importantes y estos hallazgos tienen implicaciones para toda la nación.

El aumento de obesidad coincide con un aumento de los ingresos en los hogares de las familias rurales.

Las zonas rurales de China han sido ignoradas por las políticas dirigidas a reducir la obesidad infantil. Es una señal de alarma para que el gobierno no descuide a las poblaciones rurales.

Además de comer en exceso, la falta de actividad física relacionada con el aumento del tiempo invertido frente a una computadora favorece la obesidad en los niños.

Los investigadores dicen que hay que educar a los niños sobre cómo comer sano y la necesidad de actividad física regular.

El estudio muestra que los niños se ven más afectados por la obesidad que las niñas, un problema que se explica por la política de preferencia masculina.

Los investigadores explican que los recursos de la familia benefician más a los niños que a las niñas.

Los niños obesos pueden presentar enfermedades cardiacas a los 8 años

Los niños obesos pueden presentar signos de enfermedad cardiaca a la edad de 8 años, según un pequeño estudio expuesto en la conferencia anual de la American Heart Association (“Asociación Americana del corazón”), celebrada en Orlando.

                     Foto: Wikipedia

Usando RM (resonancia magnética), los investigadores midieron el músculo cardíaco de 20 niños y adolescentes con peso normal y otros 20 considerados como obesos.

Encontraron que la obesidad aumentaba en 27% el riesgo de un aumento de masa muscular del ventrículo izquierdo del corazón, y en 12% el riesgo de engrosamiento del músculo del corazón, que son signos de enfermedad.

Los autores de este trabajo estimaron que el 40% de los niños y adolescentes obesos en los Estados Unidos podrían estar en “alto” riesgo de enfermedades del corazón debido al engrosamiento del músculo del corazón, que afecta su capacidad para bombear sangre.

Sin embargo, ninguno de los niños en este estudio mostró síntomas en esta etapa. Pero los cardiólogos creen que los problemas cardiacos en la infancia pueden llevar a complicaciones de salud en la edad adulta, e incluso muerte prematura por enfermedad cardiovascular.

De los 20 jóvenes obesos del estudio, siete eran adolescentes, cinco tenían un índice de masa corporal (IMC) superior a 35. Un IMC (el peso dividido entre la altura al cuadrado) varía en los niños normales. Para los adultos está entre 18.5 y 25. Más allá de 25 y hasta 29.9, la persona tiene sobrepeso. A partir de 30, se habla de obesidad.

Varios niños del estudio sufrían problemas de salud relacionados con el exceso de peso, como el asma y la hipertensión arterial.

En este estudio, los investigadores excluyeron a los niños con diabetes y con obesidad extrema, que no podían entrar en el aparato de resonancia magnética.

Uno de cada tres niños estadounidenses (entre 2 y 19 años) tiene sobrepeso u obesidad, según estimaciones oficiales, lo que aumenta el riego de diabetes cuando sea adulto, exceso de colesterol y la hipertensión.

La obesidad de los de 6-12 años se ha duplicado en EE.UU. en los últimos 30 años y se ha cuadruplicado entre los adolescentes, de acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

La dieta típica estadounidense para los niños, señalada por sus altos índices de obesidad, cuenta con las papas fritas como el 25% de los vegetales que se consumen y los jugos de frutas, con alto contenido de azúcar y bajos en fibra, lo que representa el 40% de las “frutas” que comen.

Además de la alimentación, la falta de actividad física y el tiempo que pasan frente a las pantallas de televisión y la computadora también son parte de este problema.

Obesidad, impactante documental que denuncia a la industria alimentaria

La industria alimentaria que sostiene la adicción a la azúcar es la principal responsable del aumento de obesidad en Estados Unidos, denuncia el documental “Fed Up”, que salió este fin de semana en los cines norteamericanos.

Stephanie Soechtig posando para la foto en el Festival de Sundance en enero del 2014. (Foto: Getty Images)

La película de 90 minutos, explora una realidad paradójica: los estadounidenses nunca han hecho tanto deporte y consumido tantos productos bajos en calorías como ahora, y sin embargo dos de cada tres tienen sobrepeso y generaciones enteras de niños vivirán menos que sus padres.

¿La razón? El fracaso de todas las políticas de salud pública llevadas a cabo en el país para luchar contra la obesidad, según el filme, se debe a que las autoridades se equivocaron de objetivo. La responsable de la obesidad no es la falta de ejercicio físico sino el azúcar.

El documental, presentado en el último Festival de Cine de Sundance, muestra que el 80% de los alimentos procesados que se venden en EE.UU. agregan azúcar, que funciona como una droga en el consumidor, creando adicción.

El problema no es exclusivo de los Estados Unidos. La Organización Mundial de la Salud ha sonado la alarma en México, Sudáfrica, Arabia Saudita, Venezuela o incluso Jordania. En todos estos países, el 30% de la población tiene sobrepeso u obesidad.

En la pantalla, se sigue la existencia de tres niños, que a pesar de dietas y ejercicio, no logran perder peso, porque están sumergidos en alimentos ricos en azúcar agregada.

En la escuela, por ejemplo, se sirve pizza, nachos y hot dogs en el almuerzo. Según el documental, la mitad de las escuelas en 2012 servían comida rápida, mientras que en 2006, el 80% servían productos frescos.

La primera dama Michelle Obama entró al debate con su campaña “A moverse” y los políticos han tratado de obligar a la industria alimentaria a reducir el azúcar, admite la realizadora. Pero marcas como Coca Cola, Pepsi o Pizza Hut no han desaparecido de los comedores y pasillos de las escuelas.

“Hay muchos en el gobierno que tratan de hacer algo”, dijo Stephanie Soechtig directora del documental, “pero hay intereses económicos en juego y nos encontramos en última instancia con que el gobierno prefiere hacer dinero en lugar de ocuparse de la gente”, se queja.

La directora cuenta con el impacto de su película. “Podemos cambiar la industria alimentaria, al negarse a comprar sus productos, al votar por políticos que quieran mejorar la vida”, dijo la Sra. Soechtig.

“Más que el dinero, los políticos necesitan nuestros votos. Es el tipo de lucha que los padres y los niños deben realizar juntos. Los niños son los futuros electores. Todos deben hacerse responsables”, dijo.