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Historia oculta del comunismo

Recordando la brutalidad del Gulag: la obra de Alexander Solzhenitsin

Por: Gary L. Gregg

La Gran Época, Estados Unidos

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Rosas sobre la tumba del escritor y disidente ruso Alexander Solzhenitsin en Moscú el 6 de agosto de 2008. El escritor ruso, ganador del Premio Nobel, nos ayuda a recordar los horrores del socialismo, que hoy en día parecen ser olvidados por muchos en Estados Unidos y por el mundo. (NATALIA KOLESNIKOVA/AFP/Getty Images)

La Guerra fría terminó hace más de un cuarto de siglo. Cuando el viento del cambio comenzó a soplar en el bloque oriental y el Muro de Berlín finalmente cayó, muchos nos preguntamos qué nos depararía el futuro.

Recuerdo que, en el verano de 1990, al cruzar el valle del río Shenandoah en Virginia, con un líder experimentado del movimiento anticomunista, hablé de cómo sería la vida sin la amenaza soviética que dominaba nuestra política exterior.

“¡Nunca más debía quedarse con nosotros! Olvidaremos cómo fue y ¿será más fácil introducir el socialismo en Estados Unidos después de la desaparición de la Unión Soviética porque lo hemos olvidado?”, le pregunté. Estuvo de acuerdo en que esto era un gran peligro –Estados Unidos podría olvidar los horrores del socialismo cuando ya no es una doctrina armada que amenaza nuestra existencia.

La prueba de que gran parte de Estados Unidos ha olvidado los horrores del socialismo en el siglo XX parece estar emergiendo en los campus universitarios y entre los ciudadanos. Mientras que a los que crecimos durante la Guerra Fría nos resultará muy difícil de creer, e incluso estaremos en shock, el socialismo parece estar convirtiéndose en un sistema político y económico aprobado en Estados Unidos.

Algunos estudiantes, incluyendo algunos con los que hablé, ahora perciben a Marx, Lenin y Stalin con cierta nostalgia y extraña fascinación.

Más de 100 millones de personas murieron a manos de regímenes comunistas del siglo XX e incontables millones más pudieron haber sobrevivido físicamente a la tortura y la inanición forzada en los campos de trabajo y de educación dónde fueron llevados por sus “crímenes” (por pensamiento y oposición), pero nunca se recuperaron de ellos.

En el mes de diciembre pasado, tuvimos una oportunidad perfecta para revisar algunas de las brutales lecciones del siglo XX, ya que en ese mes conmemoramos el centenario del mayor testimonio del precio que el socialismo debe pagar si hablamos del comunismo soviético: Alexander Solzhenitsin.

Un patriota

¿Quién fue Alexander Solzhenitsin? Un gigante intelectual, un escritor con logros impresionantes y un patriota ruso que resistió lo que los comunistas habían hecho a su pueblo y amado país. Sin embargo, el ganador del Premio Nobel de Literatura ha sido olvidado en gran medida en las aulas estadounidenses y en nuestra conciencia pública de hoy.

Al olvidar públicamente a Alexander Solzhenitsin y la lectura de sus libros, hemos perdido gran parte del material imaginario que una vez nos armó contra las atracciones del poder gubernamental y las visiones políticas imbuidas de su propia superioridad. Revisar su trabajo hoy traería mucha claridad moral a nuestro discurso político.

Alexander Solzhenitsin nació en Kislovodsk, Rusia, el 11 de diciembre de 1918, sólo unos meses después de la muerte de su padre. Fue criado por su madre soltera y estudió matemáticas, filosofía e historia.

Durante sus estudios y hasta la Segunda Guerra Mundial, no pareció cuestionar la validez del sistema soviético.

Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, Solzhenitsin comenzó a cuestionar al régimen al examinar los crímenes de guerra cometidos contra civiles alemanes.

Su gran error fue escribir sobre tales preocupaciones en lo que él consideraba una carta privada a un amigo de confianza. Sin embargo, bajo gobiernos totalitarios, no hay cartas privadas (o pensamientos) y muy pocos amigos de confianza.

Aunque fue un soldado condecorado al servicio de la URSS, A. Solzhenitsin fue encarcelado por expresar sus preocupaciones. Finalmente fue condenado a ocho años de prisión en un campo de trabajo y puesto en el exilio interno permanente tras ser liberado vivo de su estancia en esos lugares.

Comenzó a escribir en la cárcel, incluso memorizando largos poemas y prosa porque no tenía pluma ni papel. Lo que finalmente produjo fue un conjunto de obras que se encuentra entre los grandes de la literatura rusa y que no tiene parangón al abrir una ventana a la deshumanización del terror socialista.

Obras maestras

Su gran obra maestra, El archipiélago Gulag, publicada en 1973, consta de múltiples volúmenes que se cita con mucha más frecuencia como referencia que como lectura, pero recientemente se ha vuelto a publicar una versión abreviada en una edición asequible y accesible con un prefacio de Jordan Peterson.

Sus libros El Pabellón del Cáncer y El Primer Círculo son también una brillante visión de las consecuencias humanas de un gobierno totalitario. Pero si está leyendo al escritor ruso Solzhenitsin por primera vez, permítame recomendarle que empiece con su novela corta Un día en la vida de Iván Denissovich, que como su nombre indica, sigue un día en la vida de un detenido en un campo de prisioneros soviético.

El lector se deja llevar por el protagonista Iván, que lucha por mantener una apariencia de humanidad dentro de los muros de un sistema carcelario de lo más inhumano. Usted lo ve arriesgándose a un severo castigo por esconder una miga de pan en su colchón, con el cual espera raspar el último alimento que le queda en un posible tazón de avena. Usted ve a los prisioneros referidos por números sin sentido en lugar de por los nombres que sus padres escogieron para ellos o cuyos amigos los apodaron. Se ve la dureza de los inviernos rusos sin botas y guantes adecuados, y la lucha por dar sentido a la vida más allá de la simple supervivencia animal en medio de la represión.

Solzhenitsin fue finalmente expulsado de su país natal y vivió en Vermont, Estados Unidos, durante las dos últimas décadas de la existencia de la Unión Soviética. Aunque fue un recluso, sus escritos han alimentado la imaginación de muchos de los que lucharon contra las fuerzas deshumanizadoras del siglo XX. También desafió a Occidente, regañándonos por nuestra propia pérdida de conciencia y por el creciente materialismo.

Este centenario del nacimiento de Solzhenitsin es un buen momento para recordar a la gente, la inhumana brutalidad del totalitarismo en el mundo, y no hay mejor manera de hacerlo que leyendo y compartiendo su trabajo.

Gary L. Gregg ocupa la Cátedra Mitch McConnell de Liderazgo en la Universidad de Louisville, donde también es director del McConnell Center for Political Leadership. Es autor o editor de una docena de libros, incluyendo sus novelas para jóvenes adultos publicadas en la serie Remnant Chronicles.

Versión original

Traducción Lucía Aragón