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Trabajadores esclavos

Por: Sandra Rodríguez

La Gran Época, México

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Alexey Nikitin (izq.) y Zakir Ismailov en una fábrica de ladrillos en Daguestán. (Foto: Ethnofund)

Voluntarios de la ONG Alternativa y un equipo de periodistas de The Guardian se camuflan entre la multitud en el centro de Moscú. Allí concurren cientos de personas como un hormiguero humano para tomar el tren al trabajo y entre ellos, si se mira con atención, esperan ansiosos y algo nerviosos decenas de hombres con sus pocas pertenencias en una bolsa de plástico. Migran de varias provincias a la gran ciudad en busca de trabajo y viven allí en condiciones de extrema pobreza esperando una oportunidad, pero esa posibilidad se convierte en un abrir y cerrar de ojos en una verdadera pesadilla.

Mientras esperan, son abordados por personas que les ofrecen un trago y les hablan de ofertas de trabajo. Inocentemente estas personas acceden y luego de aceptar una copa pierden la consciencia y son secuestrados. Cuando despiertan, se hallan en un bus camino a Daguestán, una de las ex repúblicas soviéticas más pobres y olvidadas. Muchos ex-esclavos, relatan con espanto cómo son amenazados, golpeados y vendidos a personas influyentes como altos dignatarios de la región que son dueños de fábricas ilegales de ladrillos. Allí sus documentos son decomisados por sus nuevos patrones y condenados a la explotación. Cabe aclarar que la industria de la construcción en Rusia es un monstruo económico en ascenso y estas víctimas quedan sin voz en los campos polvorientos de dichas fábricas. Otro sector que se nutre de esta terrible práctica es la servidumbre en el campo.

Según informa The Guardian “Daguestán, una república de mayoría musulmana, tiene una larga historia de violencia. Siglos de gobierno de los imperios mongoles, persas y otomanos, seguidos por las invasiones árabes y la eventual anexión de la Rusia zarista, han dado lugar a una serie de levantamientos armados por clanes que lideran la “yihad” contra la madre patria ortodoxa. Los lugareños a menudo se quejan de ser tratados como ciudadanos de segunda clase en su propia tierra. En los últimos años, la ley de la sharia, las guerras tribales y los coches bomba han llevado a Daguestán a ser catalogado como el lugar más peligroso de Europa.”

Alexey Nikitin y Zakir Ismailov son dos voluntarios de Alternativa, una organización que ha luchado en contra de la esclavitud moderna en Rusia. Estos dos jóvenes se han enfrentado a situaciones muy difíciles y peligrosas para liberar a cientos de esclavos de su tormentosa prisión. Ellos explican que la cifra de víctimas crece sin control porque la gente en su desesperación acepta cualquier trabajo sin sospechar lo que les espera. Por otro lado, la legislación en Rusia, con respecto a la trata de esclavos, es tan confusa y tiene tantos huecos jurídicos, que no es posible procesar y encarcelar a los que trafican y mantienen esclavos porque no se define con claridad qué es el trabajo esclavo, aclara un fiscal especialista en derecho del trabajo que labora en la mejora de dichas leyes desde hace ya 20 años.

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Alexey se enfrenta a un capataz de la granja por la liberación de un trabajador. (Foto: Ethnofund)

Por otro lado, hay muchas más inconsistencias legales con respecto a la contratación de extranjeros e inmigrantes en el país. Esto ha llevado a que los empleadores abusen de sus trabajadores con contratos poco claros o inexistentes, de manera tal que las garantías laborales de estas personas quedan desamparadas y terminen de este modo trabajando sin derecho a recibir un sueldo justo, es más, ni siquiera reciben sueldo y terminan trabajando gratis mientras esperan que algún día se cumplan las promesas olvidadas de sus jefes.

La falta de claridad en las leyes también hace que rescatar a un esclavo sea una tarea casi imposible. En la mayoría de los casos, tanto Alexey como Zakir tienen que actuar bajo riesgo propio, pues la policía no interviene a no ser que la situación se torne muy peligrosa para ellos. Los dueños de los esclavos ven la situación muy normal y no entienden por qué sus víctimas quieren abandonarlos. “Es socialmente aceptado”, afirma Alexey, porque “si una persona está abajo es por su propia culpa.”

El miedo que infunden los dueños de las fábricas en los esclavos llega a límites increíbles. Es tal el pánico de estas personas que se niegan a escapar o a contactar ayuda alguna porque la retaliación por parte de sus explotadores puede ser brutal. Por esta razón, solo se puede rescatar a una persona a la vez sin poder desarticular la red de traficantes ni la organización de dichas fábricas ilegales. Muchos de estos esclavos llevan años trabajando y sufriendo sin que puedan contactarse con sus familias.

La situación es tan peligrosa, que incluso voluntarios de Alternativa han sido drogados y secuestrados por esta mafia, pero gracias a la rápida acción de sus compañeros se han salvado de caer en una de estas fábricas infernales.

El problema sigue creciendo, pero muchos son ajenos a esta problemática. Según el Global Slavery Index para el 2016, se encontró que tanto trabajadores rusos como migrantes provenientes de antiguas repúblicas soviéticas como Tayikistán, Uzbekistán, Azerbaiyán y Kirguistán, así como de la vecina Ucrania y Corea del Norte fueron drogados, secuestrados y vendidos como esclavos en su mayoría para la industria ilegal de ladrillos. Aunque muchos tratan de huir, la mafia de los dueños de dichas fábricas está tan bien organizada y la topografía de la región es tan compleja, que terminan siendo recapturados y vendidos entre estas personas para seguir trabajando. Un infierno sin fin.

Tanto Alexey como Zakir han tenido que lidiar con amenazas, pero siguen en su lucha contra la esclavitud. Afortunadamente las amenazas hasta el momento no han pasado de palabras y así más víctimas pueden aspirar a ser liberadas. Sin embargo, los culpables saben que no pueden ser castigados y por el contrario defienden sus actos argumentando que, sin ellos, estas personas serían mendigos, borrachos o buenos para nada. De este modo, el círculo vicioso se repite sin que nadie lo evite; un nuevo esclavo se puede comprar por unos cuantos euros.

Alexey Nikitin concluye: “No importa si se trata de alcohólicos o ex -convictos. Debe tratarse a las personas con respeto. También ellos tienen derechos que merecen ser protegidos. Sus derechos son los mismos derechos fundamentales que los míos, y si como sociedad dijéramos ‘él no merece sus derechos’ eso significaría que los derechos de todos los individuos están en peligro. En otras palabras, solo si las personas en situación social inferior conservan sus derechos, están asegurados los derechos de todos nosotros”.

Fuentes:

https://www.theguardian.com/global-development/2017/apr/01/slave-saviours-men-risking-their-lives-to-free-brick-workers-in-dagestan

https://www.globalslaveryindex.org/country/russia/

https://www.youtube.com/watch?v=KxH3r0UJOA0&t=1423s

Las verdaderas e incomodas razones de la migración África-Europa

Por: La Gran Época, Italia

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(Foto: Piero Cruciatti/AFP/Getty Images)

Con unos salarios que, según los estándares europeos, son absolutamente pobres, ¿cómo es posible que los inmigrantes de África negra y Medio Oriente vengan a Italia, pagando miles de euros por el viaje?

En Costa de Marfil, uno de los países africanos de donde parten los migrantes con destino a Italia, el salario promedio es menor a 200 euros al mes; según un artículo en euractiv.com, el costo del viaje sería de unos 2 mil 300 euros: el equivalente a dos años de salario.

En Somalia el salario promedio está entre 250 y 300 euros, y el viaje, según el periódico británico The Guardian, cuesta 2 mil 850 euros.

Costa de Marfil y Somalia son dos naciones muy diferentes: Costa de Marfil es un país próspero para los estándares sudafricanos, mientras que Somalia es un lugar infernal: Considerado el país más corrupto del mundo, está desgarrado por una guerra civil de 27 años y es escenario de crímenes y violaciones de derechos humanos que no perdonan ni siquiera a mujeres y niños.

En los debates políticos italianos suele prevalecer la idea de que los inmigrantes vienen a Italia o a Europa para escapar de la guerra, o para no morir de hambre.

Pero la huida de la guerra o de un país asolado por un desastre es una realidad cuando se habla, por ejemplo, de Siria y Afganistán. En estos casos, un migrante puede estar dispuesto a hacer cualquier cosa: vender la casa, o trabajar, ser explotado por los traficantes durante el viaje. Pero la verdad es que casi todos los migrantes abandonan su país de origen simplemente para mejorar su situación económica.

A decir verdad, aunque la palabra “migrante” sugiere barcos inseguros, hoy en día la mayoría de las personas que emigran a Italia vienen de Rumania, Albania y China y viajan cómodamente. Al igual que los italianos que se mudan a Alemania, para tener mejores oportunidades de trabajo: es un país vecino, no muy diferente en cultura, y más próspero. Lo mismo aplica a Italia, desde el punto de vista de albaneses o rumanos.

La diferencia cultural con China, sin embargo, es mayor, y el discurso más complejo: la economía china no está menos desarrollada que la nuestra, pero tiene un PIB per cápita significativamente más bajo. Además, los chinos encuentran trabajo fácilmente en Italia, considerando que sus restaurantes son “apreciados” y asequibles. Y por último, pero no menos importante, a menudo los propietarios están dispuestos a dormir adentro, junto con los empleados.

Pero los africanos, aunque no forzados por la guerra o la pobreza absoluta, no llegan a Italia en cómodos aviones. A menudo son migrantes de Costa de Marfil y Somalia.

Los expertos explican que estas personas que desembarcan en Italia desde los países de África negra, pertenecen a las clases media y alta. La razón por la que vienen a Italia o a Europa, es el deseo de mejorar su educación o situación financiera. Y desde su punto de vista, no nos están invadiendo en absoluto: en África sólo el 2.5 por ciento de la población emigra, y de éstos, dos tercios lo hacen de un país africano a otro.

El tercio restante no viene a Italia. Por lo tanto, no se puede decir que, para los africanos, el vuelo a Italia o a Europa sea noticia de primera plana en los periódicos. Por el contrario, es un fenómeno de “nicho”. Un poco como Alemania, que no está invadida por italianos desesperados, más bien, son los italianos que tienen un mínimo de medios económicos y culturales los que deciden trasladarse al extranjero.

Además, según la profesora de Historia e Instituciones de África de la Universidad de Turín, Anna Bono ―entrevistada por Libero―, los africanos no estarían bien informados sobre el peligro del viaje, ni tendrían la menor idea de que en Italia no es nada fácil conseguir trabajo.

En África, de hecho, hay “un porcentaje de población joven, convencida de que Occidente es tan rico que basta con llegar allí para hacer fortuna”. Paradójicamente, esta falsa idea corre el riesgo de hacerse más contundente si Europa ayuda económicamente a África.

Muchos académicos que asistieron a una conferencia en octubre de 2017 para presentar el nuevo informe del Ipsi sobre inmigración, también señalaron que la estrategia de “ayudarles en casa” podría incluso provocar el riesgo de aumentar los desembarcos.

De hecho, las personas tienden a emigrar, no cuando están en la cúspide de la desesperación económica, sino cuando tienen cierto bienestar, es decir, cuando tienen suficientes medios económicos y culturales para soñar con mejorar su condición: “El inicio de un nuevo ciclo de desarrollo provoca nuevas migraciones ―dijo Maurizio Ambrosini, asesor de Ipsi, durante la discusión― porque las aspiraciones se mueven más rápido que las posibilidades concretas”.

En consecuencia, es obviamente crucial que los africanos que vengan, de alguna manera estén informados tanto sobre la situación económica y social de Europa, que está lejos de ser idílica, como de las terribles condiciones de los llamados viajes de la esperanza. La profesora Bono no se anda con rodeos a este respecto: “No sé cuán clara es la conciencia de estos riesgos en África. Y, de hecho, una manera de reducir el flujo de salidas sería promover campañas de información in situ sobre los peligros y costos de los viajes, y lo que deben esperar una vez que lleguen a Europa, en términos de desempleo juvenil y oportunidades reales de empleo […] En septiembre pasado, una chica de 19 años abandonó Gambia: era la portera de la selección nacional de fútbol femenino. Se ahogó en el Mediterráneo. Los que la conocían estaban conmocionados: esa joven mujer había cumplido el sueño de muchas jóvenes en su tierra natal y, sin embargo, se había ido sin decir nada a nadie. También procedente de Gambia, un famoso luchador se fue en el mes de septiembre. Él también murió en el mar. Sin embargo, ganaba bien, y tenía admiradores incluso fuera de la frontera, en Senegal. Está claro que alguien le habrá dicho que, si era famoso en Gambia, se haría millonario en Europa”.

Versión en italiano: https://www.epochtimes.it/news/le-vere-e-scomode-ragioni-della-migrazione-africa-europa/

Traducción de Lucía Aragón